La solidaridad no debe suplir al Estado
Esta mañana escuché en la radio el testimonio del párroco de Urda , el lugar donde el pasado 28 de octubre 69 personas vieron truncadas sus vidas en el accidente ferroviario. El párroco narraba que, cuando llegó al lugar del accidente y tuvo conciencia de la magnitud de lo ocurrido, impartió la indulgencia plenaria a los heridos y fallecidos. Después, por supuesto, se volcó en ayudar a los allí presentes. Este primer gesto del párroco es muy reconfortante para los creyentes, no solo por el hecho del perdón de los pecados (que ya de por sí es importante), sino por la certeza de que hay alguien que se preocupa por la salud de tu alma, además de la de tu cuerpo. En ese mismo programa, otro tertuliano abogaba por no dulcificar la gravedad del accidente ni la de sus causas apelando a la solidaridad del pueblo español y, en especial, a la de los habitantes de Urda. La solidaridad está muy bien, pero si constantemente tenemos noticias de hechos luctuosos que se palían con el apoyo y e...