Cómo un ejercicio de la OTAN puso en alerta nuclear a la URSS

Ilustración del ejercicio militar Able Archer 83 durante la Guerra Fría, con misiles nucleares, símbolos de la OTAN y la URSS y un botón de lanzamiento en alerta DEFCON 2.
Imagen generada con ChatGPT

Durante la Guerra Fría ocurrieron episodios en los que la probabilidad de que alguien apretara el botón rojo fue muy alta. Por suerte, podemos contarlo, ya que, por miedo o por prudencia, o por ambas cosas a la vez, los que tenían la responsabilidad y la capacidad para desencadenar el holocausto nuclear cambiaron de opinión en el último momento.

Noviembre de 1983 registró uno de esos momentos en los que estuvimos muy cerca de llegar al punto de no retorno.

Por aquella época, Ronald Reagan estaba empeñado en aumentar la brecha militar entre los EE.UU. y la URSS desplegando misiles Pershing II en Europa. Yuri Andropov, a pesar de que los servicios de inteligencia de la URSS y del Pacto de Varsovia, no habían emitido ninguna alerta sobre la posibilidad de un ataque nuclear de la OTAN, estaba convencido de que el bloque occidental pretendía arremeter contra la URSS con armas atómicas. Es lo que entonces se denominó War Scare o traducido a nuestro idioma «pánico de guerra». Con la intención de prevenir ese temido ataque y, si fuera necesario, adelantarse a él y golpear primero, Andropov puso en marcha la operación RYAN (Raketno Yadernove Napadenie o «ataque con misiles nucleares»). Se cree que esta es la mayor operación de inteligencia desarrollada por la Unión Soviética en toda su historia.

La existencia de RYAN fue filtrada a occidente por el agente doble Oleg Gordievski, pero sus advertencias fueron consideradas por los aliados como un intento de desinformación por parte de este agente para evitar el despliegue de los misiles.

Si a la paranoia rusa le sumamos que los aliados de la OTAN estaban realizando un ejercicio, ABLE ARCHER, en el que se ensayaban los procedimientos para autorizar el lanzamiento de un ataque atómico contra la URSS podemos imaginar el estado de nervios en el que se encontraba el Kremlin.

El problema no era el ejercicio en sí, sino su realismo. Para empezar, participaron altos funcionarios y líderes políticos (estaba prevista la intervención de Margaret Thatcher). El ABLE ARCHER estaba enmarcado en otras maniobras de mayor envergadura, el AUTUMN FORGE, que implicaba a más de 40.000 efectivos y que ensayó el transporte simulado de armas nucleares desde su depósito a los aviones que debían lanzarlas. Por si fuera poco, se elevó el nivel de alerta de los estados mayores y de las fuerzas participantes en el ejercicio hasta el máximo, llegándose a DEFCON 2, que es el paso previo a la guerra nuclear y que solamente se había alcanzado durante la crisis de los misiles de Cuba.

Moscú, alarmado por la situación y sospechando que las maniobras eran una triquiñuela para encubrir un ataque contra el Pacto de Varsovia puso en alerta máxima su ejército y el de sus aliados. El mundo estaba a punto de comenzar una guerra atómica.

Sin embargo, nunca se dio la orden de ataque. ¿Por qué? No está muy claro. Parece ser que Andropov —la única persona con capacidad para ordenarlo— estaba gravemente enfermo. Por otro lado, Rainer Rupp, un espía de la Alemania del Este que estaba infiltrado en la OTAN, fue capaz de transmitir en el último momento un mensaje asegurando que la OTAN estaba realmente ejecutando un ejercicio y que no estaba preparando ningún ataque. Los mandos occidentales no respondieron a la movilización soviética, lo que también pudo calmar los ánimos. Lo importante es que nadie apretó el botón.

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