Jerarquía, expertos y malas decisiones
La mayor parte de las organizaciones están estructuradas de forma jerárquica. Siempre hay un responsable investido de autoridad que es el que tiene la responsabilidad de tomar la decisión.
El proceso suele ser el siguiente: desde la dirección se pide a los escalones inferiores determinada información. Estos proporcionan lo solicitado y el jefe decide. Hay que preguntarse qué pasa cuando, durante este proceso, los escalones intermedios encuentran datos o llegan a conclusiones no solicitadas. En ocasiones, estos líderes intermedios creen —o son obligados a creer— que el jefe tiene todas las respuestas por lo que se ven disuadidos de preguntar o de aportar nuevos enfoques al proceso de toma de decisiones. Por otro lado, muchos líderes se sienten presionados, ya sea por el prestigio o por la urgencia, a aparentar que son ellos los que tienen todas las respuestas.
Cuando esto ocurre, privamos al líder que ha de decidir de valiosos elementos de juicio que, en muchas ocasiones, pueden suponer el éxito o fracaso de un proyecto.
La actitud del líder es fundamental para evitar esta adhesión enfermiza a la estructura jerárquica. No basta con pedir datos, procesarlos y decidir. Hay que tener la suficiente flexibilidad para permitir que todos los escalones implicados en el proceso puedan aportar más allá de lo solicitado y generar la suficiente confianza para que estos mismos escalones puedan preguntar por el porqué y el propósito del trabajo realizado. De esta manera se involucra al personal que siente como suyo el objetivo de su trabajo mejorando su motivación y, por tanto, la calidad de los elementos de juicio que se ofrecen al líder responsable de la toma de decisiones.
Pero no solo la adherencia ciega a la jerarquía resta valor a nuestras decisiones. En toda organización encontramos una serie de personajes denominados expertos. Llevan mucho tiempo en la empresa y se supone que conocen todos los entresijos del negocio. Y suele ser así. El problema aparece cuando solo nos apoyamos en estos expertos. En muchos casos, la experiencia crea sesgos que nos impiden ver las otras caras de la situación. El recurrir a personal menos experimentado, con menos sesgos y prejuicios, nos puede ayudar a descubrir enfoques que de otra manera no encontraríamos.
Concluyendo, la jerarquía puede agilizar la toma de decisiones ya que está claro quien es el responsable de ellas. No obstante, hay que dejar participar a los escalones subordinados en la elaboración de los juicios que las fundamentan. En la misma línea, la experiencia es un valor imprescindible en el devenir de las organizaciones. Sin embargo, hay que abrir la puerta a visiones menos sesgadas e imaginativas. De esta manera, el éxito está asegurado.
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