El verdadero problema no son las redes sociales, es la falta de pensamiento crítico
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| Imagen generada con ChatGPT |
Llevamos unas semanas con el manido debate sobre si las redes sociales deben prohibirse a los menores de 16 años. Para colmo hay quien dice que algunas plataformas, cuyos gerifaltes se han atrevido a enfrentarse con determinados líderes políticos, deben ser controladas, no sea que, a causa del algoritmo, los deep fakes y las mentiras interesadas, los ciudadanos de a pie no seamos capaces de conocer la realidad y, mucho peor, caigamos presa de los discursos de odio.
Sin embargo, nadie apunta al verdadero problema de nuestra sociedad, que no es otro que la ausencia de pensamiento crítico. Y este no es un problema nuevo. Desde antes incluso de las redes sociales, nos hemos formado en escuelas y colegios donde memorizar, escupir en el examen lo almacenado en el cerebro y olvidarlo después ha sido la tónica general. Para colmo, nos bombardeaban (nos bombardean) con telebasura en el que indigentes mentales cuentan sus chismes de manera escandalosa. La consecuencia de esto: encéfalograma plano en la mayor parte de la sociedad.
No se nos enseña a dudar, a investigar por nosotros mismos, a hacer preguntas o a buscar respuestas. Eso es peligroso. Y, por tanto, cuando se abren espacios como las redes sociales, donde se puede opinar sobre cualquier cosa sin censura, muchos se asustan, no sea que el rebaño descubra que el rey está desnudo.
Es cierto que en las redes sociales hay mucha cochambre. Pero también es cierto que tú puedes seguir a quien te interese y bloquear al que te molesta. Es más, puedes seguir a aquellos con los que no estás de acuerdo y establecer debates con ellos.
Por otro lado, no olvidemos que es responsabilidad de los padres educar a sus hijos. Son ellos los que deben decidir qué contenidos y redes son positivos y nocivos para ellos y, llegado el caso, poner límites o prohibir el acceso a aquellos temas que consideran perjudiciales para sus vástagos. Tan nocivos para los chavales pueden ser determinadas redes sociales como algunos programas de televisión o, peor aún, el reggaeton.
Seamos sensatos. Leamos, informémonos, no nos creamos todo lo que nos cuentan. No hace falta que nadie piense por ti.
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